Entre tanta falsedad muchas de mis mentiras YA SON VERDADES

miércoles, 25 de abril de 2012

El amor es verdadero, verdadero se entiende sólido, cuando pase lo que pase y venga lo que venga, sigues con esa persona y perdonas y olvidas y sigues adelante porque tu vida se ancló irremediablemente en ese alguien sin vuelta atrás posible.
Incluso, puedes no sentirte feliz a su lado, pero tienes paz, tienes estabilidad, tienes plenitud, tienes su compañía. No concibes emprender otra vida lejos de esa persona, no concibes a nadie más. Eso es amor.
La felicidad no tiene relación directa con el amor, muchas veces estamos con alguien y sufrimos por su carácter, por sus celos, por su machismo, por sus silencios, por su independencia excesiva y sin embargo lo amamos. 
Y al amarlo preferimos permanecer con él con sus errores que considerar la vida sin él. Eso es amor verdadero.
Y para que estas condiciones se den, debe transcurrir el tiempo, mucho tiempo al lado de una persona, muchas satisfacciones, muchos dolores, hasta que el amor se consolida lo que no significa que sea rutinario.
Sólo la rutina hace infeliz el amor, pero eso es dejarlo morir y de eso, si ocurre, somos culpables, pues nada impide que dos personas estén siempre conquistándose aunque lleven años al lado el uno del otro.
El amor joven, es amor verdadero, pero dista mucho de un amor profundamente recíproco y hechos ya tan el uno al otro, que no se considera siquiera la opción de distanciarse aunque deban sufrir mutuamente las desigualdades existentes en toda relación.